Caraota, ñema y tajá: Los nuevos lujos del venezolano común

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“¡La pinga! Eso está muy caro, ya no comeremos carne”, esta y otras exclamaciones se hacen cada vez más comunes en los hogares de los venezolanos, y es que el alza de los precios que existe actualmente en los productos de primera necesidad nos han obligado a renunciar a muchos de ellos que antes solíamos tener en nuestras neveras.

Lo que antes conocíamos como “comida de pobre”, hoy día se está convirtiendo en un gran lujo, pues golpea fuertemente al bolsillo. Comprar pollo a casi 400 Bs. por kilo, un cartón de huevos a 500 Bs., carne a 1000 Bs. por kilo, esto nos ha llevado a reducir la cantidad de ingesta de estos alimentos. Si antes comíamos dos muslos, nos toca comer sólo uno, o si acostumbrábamos a comer tres huevos, ahora serán dos o uno, de igual manera, si antes solíamos comprar mermeladas, galletas de todo tipo, cereales, aderezos, entre otras delicadeces, nos ha llegado la hora de renunciar a la mayoría de ellos, puesto que es casi imposible adquirir tales productos cuando nuestros sueldos se mantienen iguales.

El venezolano hoy día no vive

 Si antes salíamos a disfrutar, gozar con los amigos o con la pareja todos los fines de semana, ir al parque con los niños, todo aquello ha quedado reducido a una salida por mes o nada, el costo de los sitios para entretenimiento, sea cine, parque de diversiones, disco, entre otros se han convertido en una opción poco probable.

Una experiencia que vivo cada vez que voy al cine es ver la forma en la que aumentan los combos de cotufas, estos han pasado de Bs. 300 a 500, y luego a casi 800 y ni hablar de las entradas. El quehacer común actual es ir a una farmacia y comprar chucherías y bebidas enlatadas (farmacias que ahora son confiterías, porque medicinas no se consiguen), para luego ser ocultadas en el bolso de uno de los del grupo, aunque ya he visto cómo de forma descarada las personas entran con sus grandes bolsas del mercado al cine, ¡incluso he visto cavas! Sólo en Venezuela.

Por casos como estos, puedo decir que uno como venezolano no está viviendo, sino que apenas estamos sobreviviendo, renunciando a cosas, actividades y servicios que antes solíamos disfrutar sin remordimiento alguno, hoy por hoy ya no son una elección.

¿Y las utilidades a fin de año?

 Desde principios del 2015 hasta la fecha actual, me he venido cuestionando lo siguiente: Voy a trabajar durante un año corrido, sin vacaciones individuales, ¿Qué voy a hacer con el dinero que cobre de utilidades y vacaciones en Diciembre? ¿Comprarme un ventilador o un colchón? Porque las dos opciones dudo que puedan ser factibles, ni pensar en artefactos como televisores, equipos, computadoras, blah blah blah… y si siguen sucediendo las eventualidades en la forma que han venido suscitándose, pues el dólar llegará a mil bolívares y ni para el mercado nos va a alcanzar el dinero.

Pero no importa, pa’lante con la revolución, yo estoy feliz, Chiabe vive en el c#&% de la m… ¡Oopsie!

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